Las ciudades en la ruta del Transiberiano. Tercer capítulo: Irkutsk.

IRKUTSK – TRAMPOLÍN DEL LAGO BAIKAL.

4-7 de agosto de 2012 – Ekaterimburgo-Irkutsk – 3.456 km. – 55 horas aproximadamente – HHM+5.

Tras nuestro trayecto transiberiano por excelencia –nada más y nada menos que cincuenta y cinco horas a bordo del tren- Irkutsk nos acogió con un tiempo propiamente siberiano: nubes, frío y lluvia, que contrastaba visiblemente con la calidez de las sonrisas de los organizadores de AEGEE Irkutsk. Las casas de tres de ellos y dos hostels nos iban a servir de cobijo durante una noche en este destino estratégico, ya que Irkutsk fue nuestro trampolín al Lago Baikal.

Casi sin tiempo para desacostumbrarnos al traqueteo del tren, nos vimos sometidos al traqueteo del tranvía, también característico en esta ciudad, una de las más pobladas de Siberia donde antaño eran enviados los prisioneros o los comunistas desterrados. Desde luego, lejos queda aquella condición de los entonces visitantes de Irkutsk. En la actualidad, son viajeros interesados por el Lago Baikal los que transitan por estas calles siberianas en las que se entremezclan singulares casas de madera de abedul (isba siberiana) con bloques de edificios fríos y grises de corte comunista. Mi opinión no es compartida por otros participantes, pero yo empiezo a atisbar ciertos aires asiáticos.

El tranvía que, por cierto, nos costó más barato que el de Ekaterimburgo (12 rublos), nos va soltando de manera escalonada en nuestros diferentes puntos de alojamiento, siendo el de mi grupo, el Hostel 490, el destino más alejado. Todos estábamos ansiosos por llegar a nuestra nueva morada porque, después de más de cincuenta y cinco horas sin ducharte y con el frío con el que nos recibió Irkutsk metido en el cuerpo, lo que más nos apetecía era una ducha bien caliente. Sin embargo, para nuestra sorpresa, aunque el hostel contaba con una moderna ducha, el agua salía casi tan gélida, incluso más, como la que más tarde experimentaríamos en nuestras propias carnes en el Lago Baikal. Pese a ello, las ganas de ducharse fueron superiores al recelo al frío y todos y cada uno de nosotros fuimos sometiéndonos al calvario del primer contacto del agua helada con tu piel.

Ducha, lavadora, descanso y, en mi caso, hasta escritura de postales, y ya estábamos preparados para irnos a comer. El agua de la ducha callejera no es tan fría como la del hostel, pero cala igual y va empapando nuestra ropa. Afortunadamente, el restaurante no estaba demasiado lejos y pronto nos reunimos con el resto de aegeeros para compartir una comida en la que, salvo por el tercer plato, que en este caso era pastel de salmón –delicioso- se repetía el menú de Ekaterimburgo: ensalada y sopa espléndidamente especiada.

Aunque tras el cristal del restaurante seguía lloviendo, era el momento de empezar nuestro city tour por Irkutsk. Una visita por la ciudad que no fue excesivamente larga ya que los atractivos turísticos no son demasiados. En nuestro paseo, que en un momento dado dejó de ser aderezado por la lluvia, nos acercamos hasta la orilla del Río Angará, único cuya agua procede del Lago Baikal. Allí detuvimos por un momento nuestros pasos, incluso con una group picture, para admirar el monumento a Iván Pojábov, fundador de este enclave urbano allá por 1652. Y, justo enfrente, descubrimos que se alzaba la Catedral Bogoyavlensky o Catedral Ortodoxa de la Epifanía, uno de los pocos puntos destacados de Irkutsk junto con la Iglesia del Salvador y la enorme Plaza Kirova.

Lo que me resultó más curioso de nuestro paseo fue encontrar, justo al lado de donde nos detuvimos para sacar o cambiar dinero, una cadena de cafeterías llamada Lenin Street Coffee, réplica exacta de Starbucks. Además, se encontraba en la calle del mismo nombre y a escasos metros de una estatua erigida en honor al líder bolchevique. Igualmente curioso fue descubrir un edificio de estructura circular dedicado exclusivamente a espectáculos circenses. Y es que, como supe más tarde, casi cada ciudad rusa cuenta con su propio circo; de ahí la fama del circo ruso.

El punto y final a nuestro city tour lo pusimos en la zona vieja de la ciudad. Actualmente esta área se halla en pleno proceso de reconversión, con la rehabilitación y nueva construcción de casas típicas de madera para albergar restaurantes, bares, tiendas… Y digo para albergar porque, sinceramente, durante nuestra visita, la zona adolecía de cierta vida y ambiente.

Con la caída de la tarde y pese a ser pleno mes de agosto, el frío empezó de nuevo a hacer acto de presencia y más tarde, incluso, la lluvia. Quizá ese fue uno de los motivos principales por los que la mayor parte de los ocupantes de mi habitación en el Hostel 490, tras realizar las compras pertinentes en el supermercado con la cabeza puesta en nuestro retiro en el Lago Baikal, decidiese prescindir de la fiesta nocturna y permanecer en modo relax en el hostel. Además, ahora que el agua de la ducha había recuperado el calor perdido por la mañana, nadie de los presentes quiso resistirse a una segunda ducha. Por supuesto, yo tampoco lo hice, aunque no sin antes, aprovechando la red wifi del sitio, ponerme al día para con mis obligaciones sociales en la red.

Todavía me quedaría una ducha matutina en esta ciudad siberiana antes de dar el salto de más de siete horas de caída al Lago Baikal, remanso de paz y reflexión.

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